Comenzar una nueva tarea siempre supone unas nuevas metas,
una nueva actitud y un nuevo enfoque. Todo lo que nos emociona y nos hace
vibrar, nos motiva para seguir luchando y para abrir los ojos día a día a
nuestra realidad.
Yo abro los ojos, miro y pienso. Pienso en por qué somos
como somos, por qué nos rodeamos de personas, por qué elegimos a unas personas
y a otras las apartamos de nuestro lado, por qué nos gusta tener nuestros días
ocupados, pero también momentos de descanso y desconexión. ¿Por qué?
Pues porque somos humanos señores, y como tal deberíamos
saber que el ser humano no tiene lógica. O a caso alguien sabe por qué nos
enamoramos, o cuándo fue el preciso momento en el que empezaste a sentir algo
más fuerte por esa persona. Yo no, y me atrevo a decir que nadie.
Porque no te enamoras en un instante puntual, te enamoran
las palabras, los hechos o los momentos. Un día de repente, sin saber por qué,
te das cuenta de cuánto necesitas a esa persona, de que tu vida tiene más
sentido cuando te mira, te escucha, te habla o te toca. Todo es claro en ese
instante, sientes amor. Aunque lleves tiempo con ese alguien en tu cabeza, no
caes en la cuenta hasta cierto tiempo después. Menuda pérdida de tiempo
pensarán. Pues sí. Somos tontos (sin ofender), nos gusta lo difícil, lo
complicado y lo temido, por alguna extraña razón cuanto más nos cuesta algo más
nos atrapa y nos conquista.
Reconozco que es mi caso, me dejé atrapar por lo difícil y
ahora estoy rendida a sus pies.
No hay comentarios:
Publicar un comentario